
Ernest Casamitjana Sisques, el primer huésped que se ha instalado en la residencia de ancianos Bacumar
de la calle Campoamor número 48, asegura taxativo que le tratan “como si estuviera en el hotel Ritz” y que se está “cojonudo”. Me explica que hasta la cocinera le pregunta qué desea para comer. Ernest recela de modales tan exquisitos y por eso cree que le tratan así porque aún hay pocos huéspedes. Pero le han contestado que no, que siempre tendrá para elegir.
La
residencia Bacumar, que ha abierto sus puertas hace tan sólo 10 días, acoge de momento a cuatro personas pero en pleno apogeo convivirán en ella hasta 44. El centro, en la antigua Clínica

Cataluña, ha sido totalmente reformado en el último año y adecuado a la normativa vigente
(ver fotos de habitaciones y salas). La residencia pertenece al Grupo Bacumar, que cuenta “con cinco centros en Barcelona, otro en Collbató” y “12 años de experiencia”, señala uno de los copropietarios de la sociedad y administrador de la residencia, Juan Luis de Cusa.
Cusa explica que por ahora es “totalmente privada” –de 1850 euros en adelante- pero que están en trámites para buscar conciertos y subvenciones. Se queja de que las residencias de ancianos aparezcan en los medios sólo si hay algo negativo que contar y que en cambio se olvide que cumplen una misión social primordial y que incluso acometen “funciones por encima de los límites”, en referencia a que con frecuencia hacen las veces de centros sociosanitarios.
La casa cuenta, entre otros, con asistencia médica, ATS, fisioterapeuta y la trabajadora social, Raquel Silva, que su vez es coordinadora. Las funciones de Silva –me relata- van desde la coordinación de los centros hasta ayudar a las familias en cuanto a la ley de la dependencia. Silva denuncia la lentitud de los trámites de esta ley: “Un año entre la entrega de solicitudes y que te den las ayudas; como mínimo”.
José Antonio Lamas, Rafael Ruíz y Juan Luis De Cusa, copropietarios y coadministradores; con ellos, Raquel Silva.
En el grupo Bacumar buscan auxiliares de geriatría para sus centros. Si alguien está interesado puede escribir al siguiente correo:
direccion@geriatricosinvercumar.es
Ernest Casamitjana sólo pone una condición para su estancia: que le dejen salir. Y hasta ahora lo han cumplido. Pero en una residencia de ancianos no todo el mundo puede. Casamitjana advierte de que si no le dejaran salir se marcharía. A Ernest le gusta sentarse en el banco de la calle, ver los coches transitar y la gente pasear pero, sobre todo, le apasiona escribir. Hete aquí un retazo en el que describe su llegada a Bacumar: “Asqueado de un centro de estos decidí conocer otra residencia (…) cuando llegué ya me impactó el trato respetuoso (…) Nada más entrar y salir ya fue mi centro preferido; no lo pensé dos veces y aquí estoy, soy el primero en ocupar plaza”.
Dejo a Ernest Casamitjana comiendo lentejas junto a tres huéspedes más, y con la promesa de volver para comprobar cómo le va y si le continúan tratando tan bien o mejor que cuando eran tan pocos inquilinos en la residencia.
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